Veganismo abolicionista


Los posts de hace algunos años me delatan. Yo también pertenecí a ese grupúsculo que se denomina abolicionista. Es una bella palabra pero como muchas ha ido perdiendo su verdadero significado, al menos en el pequeño mundo de los humanos animalistas.

El abolicionismo es la creencia de que la esclavitud no debe ser regulada, sino destruida por completo. Muchos creemos en ese concepto. Queremos que la explotación animal termine y tomamos acciones para ello; también para aliviar el dolor de quienes no van a ver la libertad nunca.

En la comunidad vegana y activista abolicionismo significa rechazar cualquier actividad que no sea la promoción del veganismo como base moral, incluyendo las campañas monotemáticas y de reducción del sufrimiento.

Significa cerrazón y una competencia para ver quién es más vegano que otros, vigilar quiénes no deberían usar esa palabra para describirse a sí mismos o qué persona cometió el terrible crimen de llamar vegana a su comida. Alimentan su ego con los likes de otros que piensan como ellos mientras debaten sin la intención de entender a su contraparte. Siendo generosa, me da la impresión que gastan tanto tiempo en descalificar otras formas formas de activismo como en convencer a otros de no explotar animales.

Siendo generosa.

Al final, las personas que no están involucradas en el activismo vegano (una apabullante mayoría mundial) y de quienes los animales solo necesitan su compromiso para no consumirlos ni participar en su explotación, no están interesadas en estos chismes antropocentristas ni atraídas a ellos. Tampoco los animales.

Włodzimierz Gogłoza escribió un interesante artículo donde analiza concienzudamente todo el movimiento abolicionista del siglo 19 y su uso como ejemplo de caso exitoso en el veganismo abolicionista. Habla de la persuasión moral, el abstencionismo y el boicot como tácticas para acabar con la esclavitud. Y de cómo todas fallaron por sí solas.

En ese entonces no consumir bienes manufacturados o sembrados por esclavos probó ser más complicado de lo que hoy en día es decirle no a los productos de origen animal. Las personas negras que contaban con su libertad y abolicionistas de clase trabajadora no tenían poder adquisitivo para comprar los llamados productos libres.

Muchos vendedores de productos libres lidiaban con la desconfianza de los abstencionistas, que simplemente no creían en que los bienes fueran realmente libres. Otras personas se distanciaron cuando el abstencionismo se tomó como una prueba moral obligatoria de su compromiso con la causa.

Había una gran división entre quienes buscaban la libertad de los esclavos. Al final las diferentes facciones terminaron apoyando el cambio institucional, cuando Lincoln, un republicano moderado, se convirtió en presidente electo.

Gogłoza piensa que mientras el ambiente del individuo arrope sus decisiones morales poco harán los agentes externos y extraños para convencerlo de hacer lo que considera sacrificios personales. No niega el hecho de que cada vez hay más veganos, pero simplemente no los suficientes para hacer una vedadera mella en el negocio pecuario. 

No existe el activismo perfecto, de ser así ya nos habríamos enterado al verlo arrasar con el especismo y la explotación. Pero mientras se gesta los animales que siguen y seguirán esperando en mataderos a ser degollados, electrocutados o hervidos vivos, merecen el más mínimo alivio que podamos darles.


Y la liberación de todos ellos merece estar siempre antes que nuestras convicciones e ideologías humanas. No tenemos que caernos bien ni estar de acuerdo para trabajar unidos. 

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