Er... hola de nuevo

Ha pasado un largo tiempo ¿eh? Casi tres años desde la última vez que escribí en este espacio. En 2016 comencé a trabajar en una ONG. Fue una experiencia con muchos matices. Pero hablaré de eso en otro momento.

Gracias por leerme de nuevo :)

Adelanto la disculpa por el parloteo sin sentido que se avecina. Imagina que soy un amistad ebria a la que le estás sosteniendo la bolsa mientras balbucea y vomita en una banqueta afuera de un bar. Jaja ¡a todos nos ha pasado! ¿Verdad?... ¿verdad? 

Alguien me dijo que a los cuarenta todo se te cae. Debí usar brassiere para evitar que eso pasara tres años antes. Humana, a fin de cuentas. O víctima de la imposición de géneros. Meh, me da más tristeza comentar mis propios posts en las páginas de animalitos que manejo para mejorar el engagement. No funciona :(

¿Por qué reabrir este blog ahora? Mientras representé a una institución hice muchos progresos con mis habilidades sociales pero también me perdí un poco a mí misma. Uno no puede andar hablando de pechos caídos y terrores existenciales así nada más. Pero esta versión de mí, diluida y fácilmente masticable, no está funcionando tan bien en el nuevo grupo con el que he decidido participar y que tiene una personalidad más iconoclasta. Para ser honestos, a pesar de lo mal que me caigo, también me extraño un poquito.

Nomás poquito. 

¿De qué voy a escribir ahora? Ya hay muchas personas que hablan del veganismo desde una perspectiva académica, otras tantas, de lo que no es el veganismo y por qué deberíamos adaptarnos a la caracterización de un grupo reducido que a los omnívoros del mundo no podría importarles o atraerles menos. Y cómo olvidar a los cerebros de brócoli que dedican horas y esfuerzo a joder a una pizzería vegana porque parientes de la propietaria no lo son. El veganismo no cura la estupidez. Honestamente tampoco creo que vaya a solucionar la crueldad humana hacia los animales. En estos momentos no es la moral lo que nos mueve, la mayoría hemos decidido acostumbrarnos a los problemas. Quién sabe, quizás escriba sobre por qué pienso eso.

Antes de despedirse dramáticamente de su cuenta de Instagram para iniciar una nueva etapa de proyectos, el activista Leonardo Anselmi escribió: "Me siento estúpido eligiendo el color con el que voy a pintar las paredes mientras la casa se está incendiando". Entiendo ese sentimiento. No sé por qué le llamo dramático, hoy día cerrar una red social es más o menos morirte para los demás. Figuradamente, digo, porque hay millones de personas, humanas y no humanas, que se están muriendo de verdad. En el olvido y sin nombre alguno. Sin nadie que dé like al post “el degollamiento es una mierda, 0 de 10, no lo recomiendo”.

Siempre he sido lenta -pero segura- de aprendizaje y estoy cruzando los dedos para no acabar con la paciencia de mis nuevos compañeros antes de tiempo. Pero la experiencia me dice que eso y rezarle a nuestro demonio de preferencia es inútil. Es la talacha insistente y constante la que eventualmente nos saca a flote. 

Si esto no funciona solo resta  intentar y descubrir nuevos caminos. Me queda muy claro que no le toca a los veganos decidir qué activismo es el mejor, sino a la otredad, a los que serán impactados por las cosas que hacemos, a la gente que por dentro -y a veces por fuera- odiamos y juzgamos. A los que son lo que muchos veganos fuimos en algún momento. La liberación animal los necesita a ellos también, para llegar una cita a la que va bastante atrasada. 

Gracias por leerme de nuevo. 





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