Wednesday, June 11, 2014

De cómo un taurino escribió un cuento antitaurino (creo)

Chókula (así lo llamaremos) es un sujeto culto. Basándome en la actual definición de la palabra, diría que también muy inteligente. Es taurino. ¿Por qué razón simpatizamos el uno con el otro? Quizás son nuestras ocupaciones, obligándonos a colaborar juntos, el sarcasmo, los libros, la glorificación de los vicios y... un montón de pobres diablos trabajando de madrugada en la misma habitación es una circunstancia que eventualmente generará alguna amistad o por lo menos una relación cordial. Y borracheras, muchas borracheras. Chókula estaba saliendo de una memorable y deambulaba por los alrededores de mi colonia cuando notó que no traía dinero ni pila en el teléfono celular. Entre rotos nos echamos la mano. Supongo.

Antes de quedarse profundamente perdido y babeante, hablamos de su afición por la tauromaquia. Le expliqué mis motivos para detestarla: un ser susceptible de experimentar un dolor tan punzante y desgarrador con cada estocada como el de cualquier torero al recibir una cornada (sin el beneficio de la atención médica inmediata), es sometido a una situación que no pidió y de la cual no podrá escapar más que muriendo. Por razones que no entiende. Que yo tampoco entiendo. Él me respondió más o menos que la lidia era simplemente una "bella" interpretación teatral sobre el significado de la vida y la humanidad: muerte y abuso, sometimiento de las "bestias". Un eterno recordatorio del paso del hombre por la historia.

Al silencio largo le siguieron sus ronquidos y yo me puse a hervir frijoles, preguntándome si realmente esa era la mejor justificación que un miembro ilustrado de este gremio de matarifes poéticos podía dar al respecto. ¿Pueden asimilar datos duros o precisos quienes apasionadamente miran arte y belleza en un asesinato? Traté de desmenuzar su pensamiento, ver a través de sus ojos. Pero aún conociendo la pasión provocada por una expresión estética sus fundamentos me siguen pareciendo incomprensibles. Desdeñosos de la vida que veneran.

Al platicarle a mi novio-no-novio (¿todavía existe el noviazgo o es un mito urbano?) sobre el asunto, me mandó al diablo por abrirle las puertas de mi casa a un ebrio que no era él. Llena de una apabullante necesidad de retribución, le pedí a Chókula que escribiera un brevísimo cuento antitaurino capaz de conmoverlo a él o a cualquiera de sus semejantes. Decidí compartir el resultado con ustedes porque  ya no había playeras con la leyenda "La mandaron al botadero y lo único que me trajo fue esta pinche camiseta" (¡Ja ja ja já! Les conté toda esa historia nomás para poder hacer ese chiste... Ay bueno, ya).

¿Se habrán visto —aunque sea un segundo— desafiados su fervor e inclinación hacia esta práctica cruel? Quién sabe, desde entonces nomás nos hablamos para decir "hola" y "buenas noches".






4 comments:

  1. SUBLIME....De quién es la ilustración ?

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  2. Hola, Aída, la hice yo en mis ratos libres del trabajo. Quizás a ellos les guste la tauromaquia, pero yo use sus computadoras para hacer proselitismo antitaurino ¡Já!

    *firma su liquidación*

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  3. :O ¡Por un momento creí que hablabas del mismo taurino que yo conocí!, en verdad, pasé por una experiencia similar, con la diferencia de que yo salía con este taurino (Meses atrás había jurado sobre mis tomates que jamás saldría con un miembro de ese grupo). Tuve la oportunidad de tener largas discusiones sobre el tema, pero a diferencia de otras pláticas o encuentros entre taurios y antitaurinos, estas siempre respetuosas, aunque algunas veces se ponían un poco más intensas y había que parar. Nunca acepté sus argumentos, pero me parecía interesante su punto de vista (Pero no tanto), comparado con el de otros amantes de esa aberración. Me sorprendí mucho cuando me mandó un cuento corto que había escrito, sobre la relación de una antitaurina y un antitaurino (nosotros dos), y aunque sigue siendo taurino, me di cuenta en su escrito que al menos la duda había entrado en su cabeza. Pero es demasiado orgulloso y testarudo para aceptar que puede estar mal. Creo que una de las fallas de la lucha contra la tauromaquia es la falta de espacios para el diálogo. Las manifestaciones, los encuentros siempre son en medio de gritos, insultos de unos contra otros, haciendo más grandes las barreras entre ambos bandos. A veces creo que muchos taurinos lo siguen siendo sólo por el hecho de llevar la contraria a los grupos de animalistas.

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  4. Supongo que por eso nunca hay que decir "de esa agua no he de beber", já.

    Quizás una vez que separamos a las personas de sus ideas es más fácil verlos como seres humanos y no como "taurinos" o "comercerdos". Y a ellos debe pasarles lo mismo con nosotros :P

    Me encantaría leer el cuento que te escribió, pero supongo que es personal.

    ¿Será esto una señal de que llevándonos mejor entre todos podemos lograr más cosas?

    Muchas gracias por comentar :D

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