Monday, September 9, 2013

Los prejuicios



Imagina que es muy noche, vas de regreso a casa después de una larga jornada de trabajo y decides usar el metro, dentro del vagón solo estás tú y otra persona, es un hombre con ropas raídas y capucha sobre la cabeza. Conforme van pasando las estaciones él toma un asiento diferente, cada vez más cerca de ti. Notas entonces que es muy alto y cojea un poco. Su cabeza gira hacia ti y aunque no puedes ver su cara tienes la sensación de que te observa fijamente. Pocos segundos antes de llegar a la última parada, él se aproxima a ti y puedes escuchar que te dice algo pero no entiendes lo que dice. Las puertas se abren...

¿Saliste corriendo o decidiste quedarte a ver si, tal vez, solo quería saber la hora?

Nuestro cerebro reacciona automáticamente a muchas situaciones, por ejemplo, cerrar los ojos y cubrirnos si alguien alza su puño en señal de agresión. Pero hay situaciones más complicadas presentes en la vida diaria y, aunque no lo pareciera y tampoco lo notemos, también le dejamos muchas de esas decisiones a nuestro inconsciente. Eduardo Punset nos dice en su libro "El Alma está en el cerebro" que a pesar de nuestras honestas y conscientes intenciones de ser buenas personas, hay todo un trasfondo cultural y educativo que nos lleva a tener actitudes que contradicen dichos deseos.

Como persona supuestamente civilizada y respetuosa que creía ser, me he sorprendido utilizando frases como "ándale ya, no seas pinshi joto" o "ese compa es una nena llorona". Y no pienso que la homosexualidad, ser mujer o incluso llorar te conviertan en un cobarde o en un pinshi sacatón, pero en nuestra sociedad está tan arraigado relacionar esos términos con algo despectivo que muchos de nosotros lo hacemos automáticamente.

Un prejuicio es eso: negar, o afirmar algo, sobre una idea, objeto o persona (con este término me refiero a humanos y no humanos) sin haber hecho una evaluación previa lógica y consciente. Comenta Punset:
"son frutos de la evolución: tenemos un pasado evolutivo y esas conductas automáticas y respuestas mentales automáticas están ancladas en nuestros cerebros. [...] ese sistema también se basa en nuestra experiencia: hemos nacido y crecido en un entorno determinado, y todo lo que sea extraño y diferente a nuestro grupo y a nuestro entorno generará desconfianza o rechazo. 'Es una conducta adaptativa, porque permite protegemos de posibles peligros en determinadas circunstancias'".
Sí, nos guste o no, todos estamos llenos de prejuicios. Algunos pueden ayudarnos a sobrevivir... o quizás solo a rechazar tarjetas de crédito que no necesitamos. Por supuesto, está la parte más negativa y preocupante: adoptar conductas de repudio y recelo hacia personas humanas y no humanas.

¿Pero qué rayos tiene que ver un hombre extraño en el metro y los prejuicios con el veganismo?

Sí, sí, para allá voy. Como veganos y comecerdos (eso no es prejuicio, es un neologismo atinado) seguramente ya localizamos una que otra tanda de prejuicios que necesitamos resolver ¿pero cómo hacerlo?. En teoría, apegarnos a datos duros sobre aquello de lo que tenemos un prejuicio debería ser más que suficiente para obtener un juicio justo y acertado por ejemplo, no importa qué tanto trate de convencerme de lo contrario, todo parece indicar que los toreros son seres humanos. En lo que respecta a los animales, su capacidad para sentir dolor, placer y relacionarse con otras especies, hay mucha información muy precisa; y aún así, sin importar qué tan racionales seamos al exponerla, la mayoría responde: "lo sé, lo entiendo y aún así no me importa". Y a veces, mientras observan nuestra cara de estupefacción, se reclinan en su asiento, sonríen divertidos y espetan "¡Ah... qué ricos son los tacos de carnitas!".

Story of a vegan's life.

"La respuesta es simple" nos dice Gary Francione, "la lógica y la racionalidad son cruciales en el análisis moral, pero no nos dicen todo el trasfondo sobre el razonamiento moral. Es más complicado que los silogismos lógicos. El razonamiento moral -sobre animales o cualquier cosa- requiere algo más que lógica. Ese algo más involucra dos ideas cercanamente relacionadas pero diferentes en concepto: preocupación moral e impulso moral, que anteceden a nuestra participación en un nivel lógico o racional." 

Es decir, para que surta efecto cualquier argumento lógico, testimonio o información, tendría que existir de inicio un mínimo interés en el bienestar animal y posteriormente el deseo de hacer algo al respecto. Pongamos como ejemplo una situación muy común: ¿cuántas personas hacen declaraciones airadas en el muro de su Feis en contra de la Tauromaquia? Parafrasean a Gandhi, te piden que compartas y le des like si estás de acuerdo en que es una monstruosidad y rematan con la frase "PARA REFLEXIONAR" en mayúsculas. Hubo una preocupación moral producto de una experiencia real o estética, una foto, un texto, algo que los afectó lo suficiente para tener el impulso moral de hacer algo al respecto y... hablar de ello en su perfil de Facebook -_-  (algo es algo). Sí, pareciera molestarles mucho. Por eso resulta raro que inmediatamente pongan la foto de unos tacos hechos de la misma especie que defienden con el texto "No sé. Te amo".

"¡No es lo mismo!", gritan los prejuicios. "¡Los necesitamos para vivir y estar saludables!" les aconsejan enseñanzas infundadas heredadas de sus padres, sus abuelos y tatarabuelos. Relacionan el festín de cadáveres con la felicidad, la convivencia y la abundancia. Con el placer. En el mejor de los casos, el impulso moral será lo suficientemente influyente en su consciente e inconsciente como para orillarlos a actuar de manera congruente con sus buenas y legítimas intenciones. Porque con la firme decisión de analizar la situación a fondo no podrían encontrar otra conclusión: no hay diferencia moral alguna entre pagarle a un torero para que asesine al toro o a un matarife para que lo ponga en su plato. Y profundizando todavía más en el tema, verán que tampoco hay diferencia entre la leche, los huevos y la carne.

Venciendo los prejuicios con... ¿amor?

Gary Steiner, autor del libro Animales y la comunidad moral: Vida mental, Estatus moral y fraternidad, propone que es necesario establecer una relación de hermandad con los animales. Conocerlos a un nivel emocional. Si bien esto no sería tan sencillo con una persona que no siente simpatía alguna por los animales como con una que sí la sienta, podemos aprovechar la relación afectuosa que tenemos con ellos para provocar este sentimiento de manera gradual.

Quizás algunos de los veganos que estén leyendo este texto se sientan identificados. Tal vez algunos de sus amigos o primos que antes se burlaban de ustedes ahora los escuchan con más interés, sin descartarlos de inmediato. O sus parejas (un caso frecuente) les dijeron claramente que amaban las hamburguesas con tocino y después de algunos meses los sorprendieron abandonando los productos animales. Existen dos fuertes razones: existe más convivencia y la estima que sienten por nosotros les ayuda a ser más tolerantes, más abiertos. La convivencia genera conocimiento y el conocimiento vence los prejuicios. No digo que iniciemos una relación poliamorosa con todas las personas que encontremos en la calle o que los acosemos tratando de ser sus amigos, pero quizás ahí  se encuentra la clave...

Por más que trate de convencerme de lo contrario, hay quienes jamás aceptarán que los animales merecen un lugar en nuestras consideraciones morales ¿pero cómo saber si hemos logrado sembrar una idea en la mente de alguien? La verdad no creo que lo notemos, es más, al finalizar una discusión puede quedarnos una sensación de incomodidad y frustración, pero con el paso de los días esa idea podría reforzarse en la mente de nuestro interlocutor. Y esas ideas, las que tardan más en convencernos, las que analizamos durante más tiempo, son las que se quedan con nosotros para siempre.


¡Háganse veganos, no sea pinshis sacatones!

Nota: ¿Pero entonces qué hago si un hombre misterioso con capucha se me acerca en el metro? Corran, griten desaforadamente y agiten sus brazos por lo menos unos 50 metros y si ven que él no viene detrás de ustedes con un cuchillo, pregúntenle amablemente -desde donde están- si se le ofrece algo. Quizás solo es su amigo tímido que no ven desde la primaria y ustedes están de prejuiciosos.

2 comments:

  1. Amé este artículo, la verdad es que es cierto, yo me cansé de explicar y de "justificar" ante mi familia el por qué de mi veganismo, incluso, cuando yo llevo algo hecho por mí, un postre, un platillo, etc, siempre, mis "adorables cuñadas" decían: que asco, sin productos animales, iiuukk. Y siempre terminan atascándose de lo que yo llevo, pero siempre es el mismo ciclo. Sin embargo, ahora, mi felicidad es que mis padres, los que más me importan de mi círculo familiar están siempre mucho más abiertos a comer y probar alimentos veganos y se están haciendo más conscientes al respecto de los animales, tanto que ahora a mi perrita la tratan como una nieta más y eso es algo que jamás me imaginé de ellos.
    De los demás miembros de mi familia... tu los describes mejor que yo, son unos PINSHIS SACATONES!!
    Lo que más me desubica es que se enojan porque a mis sobrinas les hago ver que no solo basta con ver una película y sentirse mal solo por un ratito por lo que le hacemos a este planeta y a las otras especies que cohabitan en él, sino que hay que tomar más consciencia y evitar hacer las cosas terribles que realizamos todos los días, tan simple como lo que pones todos los días en tu mesa... no sé, creo que prefieren hijas con doble moral como ellos y pues, si me da tristeza porque, digo, son comecerdos pero los quiero.

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  2. ¡Gracias por leer el blog, Solovina!

    ¿Sabes algo? Quizás tú no lo notes, pero lo que hayas hablado con tus sobrinas puede influirlas más de lo que crees y dentro de algunos años, cuando tengan más control sobre sus propias acciones, podrían sorprenderte.

    Muchos veganos están desesperados por convencer a otros de abandonar los productos animales de manera inmediata ¿Y cómo culparlos? La población crece de manera exponencial y se cree que países sobrepoplados como China e India aumentarán su demanda de carne en la próxima década. Pero la mente humana no es tan sencilla como creemos, está llena de contradicciones y muchas veces no aceptamos una idea porque nos parezca incorrecta, sino porque nuestro cerebro se cierra automáticamente a lo que considera una "agresión". No te embarques en discusiones largas e inútiles, sabrás identificar cuando la otra persona simplemente no tiene interés alguno en seguirte escuchando o bien, en el tema del que hablas. Sigue tu camino, ahorra tu aliento para quien sí esté interesado.

    Habiendo dicho lo anterior, no te sientas frustrada, al contrario, mereces una felicitación si generaste un cambio en personas que jamás pensaste que tendrían una consideración hacia algún animal. Sigue así, cocinando deliciosa comida para sus barrigas e ideas para sus cabezas, y continúa siendo una vegana feliz saludable, el ejemplo es el mejor activismo.

    Un abrazo : )

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En Mexican Vegan nadie es dueño de la verdad absoluta. Si te gustó lo que leíste, investiga al respecto, si no te gustó, investígalo de todas maneras. No somos los únicos veganos en el mundo por lo que no debes juzgarlos a todos por las cosas que decimos o pensamos en este blog. Gracias y... Go Vegan!
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