Veganizando II


Cuando uno se apasiona con algo se nota. Cuando nos enamoramos, cuando hicimos algo nuevo, cuando leemos un libro que nos encantó... queremos que todos lo sepan y que sean parte de ese sentimiento. En mi caso, me sucede a menudo que tal vez me emociono demasiado y comienzo a acosar a la gente que come carne, a hacerles recriminaciones, a decirles que son culpables de la matanza de animales inocentes; que la cocina vegana es deliciosa, que es bonito vivir libre de crueldad. Que nuestro conocimiento sobre la situación del planeta, los seres vivos y cuán responsables somos de ello, nos obliga moralmente a actuar de manera directa... No me ha funcionado bien.

Casualmente recordé algo sobre mí, de cuando comía carne (sólo comía pescado, era de esas ingenuas que pensaba que no cuentan como carne). Una chica Hare Krishna trataba de convencerme de ir a su templo, de dejar la carne por completo y de adoptar la conciencia Krishna. Insistía tanto que de pronto sentía que comer carne era la solución para que comprendiera que no me sentía atraída hacia sus creencias. Finalmente, fue decisión mía la de abandonar los productos animales y no tuve que adoptar ninguna religión (sucedió al ver un video de crueldad animal que me impresionó mucho).

¿Saben? Esto me deja una enseñanza, si no son buenos oradores (porque no dudo que existan veganos con el don del convencimiento) y notan que en vez de convencer a la gente lucimos como unos merolicos locos pregonando el fin del mundo, dediquémonos a ser felices y a estar satisfechos con nuestras vidas tanto como sea posible. Dejen la información sobre la mesa, acojan y aconsejen al que se las pida.

Eso o sedúzcanlos y convénzanlos, lo que les funcione mejor.

Comentarios

  1. Chula Teodosita! La comida Libanesa es la opción para conocer de las alternativas veganas.

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  2. Hay que admirar a personas como tú.
    Beso.

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